Todo depende de cómo lo mires

¿Y ahora qué?

Esa es la pregunta que surge cuando dentro de un aula comienzas a observar que algo no marcha del todo bien. Hay varios indicios, actitudes, comportamientos que son atípicos de un determinado alumno y que descubrimos gracias a las distintas actividades que realizamos con ellos y que nos dan la información necesaria para empezar a sospechar sobre si tenemos un alumno con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE).

Y ahora estarás pensando en un niño con alguna discapacidad, sí, la famosa palabra discapacidad que se define como: «Falta o limitación de alguna facultad física o mental que imposibilita o dificulta el desarrollo normal de la actividad de una persona». Pero ¿nacemos discapacitados o la sociedad nos incapacita?

Cuando esto ocurre en el aula, ya sea por un caso en el que esta circunstancia se dé desde el nacimiento o porque lo descubramos, surgen las dudas en la familia, en el centro y en nosotros mismos porque realmente tenemos a un alumno ¿diferente? ¿Lo es? Tenemos a un alumno con discapacidad pero ¿para qué? ¿Para todo? ¿Para algo o nada? ¿Qué se considera entonces un alumno con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo?

Para situarnos en el concepto que tenemos ahora hay que retroceder en el tiempo para conocer la evolución del término. Antiguamente se escuchaba aquello de: «…ponga una cruz en la silla del alumno con necesidades educativas especiales». La prehistoria de la Educación Especial llega hasta finales del siglo XVIII. Este largo periodo, tanto desde el punto de vista ético como desde la perspectiva de la eficacia, estuvo dominado por la ignorancia, el pesimismo y el negativismo hacia estos sujetos. Desde las prácticas infanticidas propias de la sociedad antigua como Esparta, donde se arrojaban a los niños deformes por el monte Taijeto, hasta el abandono de los niños en la Edad Media. Durante los siglos XVI al XVIII se ofrece un trato más humanitario a las personas deficientes, si bien la atención educativa se inicia con los disminuidos sensoriales. Es ya en el siglo XX, con la escolarización obligatoria de todos los niños, cuando surge el problema de la existencia de alumnos que no pueden seguir el ritmo de sus compañeros, por lo que se hace necesario adoptar procedimientos diferentes. Esto supuso el nacimiento formal de la Educación Especial.

Aun así, a lo largo de nuestro avance siguen surgiendo muchas dudas: ¿cuándo alguien tiene necesidades educativas especiales? ¿Todos los niños con problemas para aprender tienen necesidades educativas especiales? ¿Quién determina si las tiene? ¿Dónde queda recogido?

La aprobación y posterior publicación en el Boletín Oficial del Estado de la Ley Orgánica 2/2006, del 3 de mayo, de Educación (en adelante LOE 2006) ha traído consigo, entre otros cambios importantes, modificaciones en la organización de la atención a la diversidad. Una de estas modificaciones concierne al concepto de Necesidades Educativas Especiales. Modificaciones que se deben, por un lado, a la aparición de un nuevo concepto más general (Necesidades Específicas de Apoyo Educativo) y, por otro, a las modificaciones intrínsecas del mismo. Grosso modo podemos decir que este nuevo y «gran» concepto: Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) engloba, desde el punto de vista de la LOE 2006:

  • Alumnado con necesidades educativas especiales (NEE) derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta.
  • Alumnado con altas capacidades intelectuales.
  • Alumnado con incorporación tardía en el Sistema Educativo Español.
  • Alumnado con dificultades específicas de aprendizaje.
  • Alumnado con condiciones personales o de historia escolar compleja.

Habiéndonos situado un poco más en este extenso ámbito, nos trasladamos al aula donde debemos poner en práctica el significado de este término. Puede que, como antes hablábamos, el niño venga ya con estas necesidades reconocidas o que tengamos que descubrirlas en el aula. Para ello, en la formación de maestros se trabajan las distintas características, explicaciones biológicas y pautas a seguir en el centro y con las familias, además de los principios básicos para la intervención en el desarrollo y aprendizaje del alumnado con:

  • Discapacidad física y sensorial (visuales, auditivas, sordo-ceguera).
  • Afecciones que producen discapacidad física (epilepsia, parálisis cerebral, espina bífida…).
  • Trastornos generalizados del desarrollo (autismo, asperger).
  • Discapacidad intelectual (síndrome de Down).
  • Atlas capacidades (superdotación).
  • Problemas en la comunicación y comportamentales (lenguaje, memoria, escritura, lectura, cálculo).

Desde mi punto de vista, el conocimiento de estas patologías nos ayuda a trabajar con el alumnado y también a descubrir si surge alguna nueva, además de intervenir en su incorporación como cualquier otro niño. Es necesario saber que un alumno no es diferente por su condición, si nosotros lo vemos así será distinto también para los demás y lo que todo el mundo debería saber es que cada uno de nosotros tiene unas particularidades, solo lo hay que saber manejarlas. Todo depende de cómo lo mires.

 


Tras la elaboración de este post, que es una pequeñísima introducción a este mundo desconocido para algunos, se ve reflejado mi interés por este tema. Cabe destacar que, para realizarlo, me he apoyado en mi Trabajo Fin de Grado, en el que hablo de las NEAE y también en las asignaturas que he cursado durante la carrera, que me ilustraron el gran camino que hay con este tipo de alumnos y que sin duda quiero seguir conociendo.

Manuela López.

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