Operación desastre: Un año en Finlandia

¿Qué pensarías si ahora mismo llegase una persona y te dijese que tienes que pasar el próximo año de tu vida viviendo en Finlandia?

Probablemente la mayoría de personas se negarían en rotundo alegando que eso se encuentra en el fin del mundo. Y sí, es el fin del mundo.

Siempre que escucho a alguno de mis compañeros quejándose por “vivir en el Polo Norte” pienso que nadie les ha obligado, que estamos aquí básicamente por decisión propia. Qué digo, básicamente no, es que estamos aquí porque a cada uno de nosotros nos ha dado la real gana de irnos a vivir en medio de la nada en Finlandia.

Lo sé, estoy siendo un poco dura, y eso que a mí realmente me gusta este país.

Pero vayamos por puntos.

Una persona puede escoger vivir una época de su vida de Erasmus por dos razones: una, para olvidarse de su “ajetreada” vida como estudiante (aunque en verdad vivimos como nadie) y dedicarse en cuerpo y alma al desparrame y la fiesta. O dos, para buscar un lugar en la faz de la tierra que te ofrezca la novedad, algo diferente, para encontrarte viviendo en una ciudad que te aporte cosas y te llene como persona.

Si hablamos de Finlandia, muchos de mis compañeros estarían de acuerdo en afirmar que aquí ni una cosa ni la otra.

Vaasa no es precisamente una ciudad muy fiestera ni con mucha vida. De hecho, te puedes sentir afortunado si en una tarde te cruzas a más de diez personas por la calle. Nuestra querida Fontana nos ha convertido prácticamente en clientes vip del sábado noche y Tritonia (o como es llamada aquí la biblioteca) es nuestra segunda casa. O primera, me atrevería a decir.

Pero no todo es malo. Que levante la mano quien haya tenido la suerte de darse un paseo en trineo tirado por Huskies. O quien haya caminado sobre un lago congelado con los huevos por corbata temiendo a cada crujido del suelo. O quien haya contemplado las puestas de sol que nosotros tuvimos la suerte de disfrutar.

Por todo esto, considero que un Erasmus no se basa en un conjunto de experiencias fijas y preestablecidas. No consiste en buscar el país perfecto y que todo te venga hecho. Es algo que tú poco a poco debes ir creando y descubriendo, algo que depende totalmente de ti y de tus ganas de disfrutarlo o de vivirlo a disgusto.

Es tu capacidad de ir buscando paso a paso aquellos detalles que lo hacen diferente.

Con esta introducción y toda esta palabrería solo quería preparar los cuerpos. Iré relatando poco a poco ciertos datos curiosos sobre este país que tantas alegrías y tantos disgustos nos da día a día. Hablaré de cómo se viven cinco horas de luz diarias y nuestra adicción al café, de los menos treinta grados en bici y la congelación de napias, de cómo no matarse si te escurres en el hielo una media de dos veces al día, viajes varios (Laponia, Rusia vecina…), de cómo ir a comprar con un traductor de finés en mano, y de mil cosas más. Pero todo a su debido tiempo.

María

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Un comentario en “Operación desastre: Un año en Finlandia

  1. Te podría decir que: Quien mucho anda y mucho lee, algo sabe (Miguel de Cervantes, El Quijote). O también que: Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas (Henry Miller). Qué más da el dónde, lo importante siempre es el qué. Y sospecho que vas por buen camino.

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