Traducción, un arte subestimado

«¿Por qué traducción? Eso es mu’ fácil. A mí se me daba muy bien en los ejercicios del Workbook. ¿Pero eso tiene salidas? Si el Google Translate ya está pa’ eso…»  Llevo un tiempo oyendo estas frases y cada vez me voy sintiendo más capaz de rebatirlas.

Hace casi cuatro años, por cosas del destino y la suerte, acabé en Madrid estudiando Traducción. Y seré sincera, no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo. Yo sólo sabía que los idiomas se me daban bien, que la Filología iba a aburrirme y que el mundo de la Traducción no podía ser muy complicado. JÁ.

Los dos primeros años de carrera fueron una introducción a este nuevo mundo que, en su momento, yo no entendí. A ver para qué necesitaba yo asignaturas como Análisis Literario, Lingüística o Culturas y Civilizaciones… ¿yo no venía aquí a traducir? Aún no. Y lo comprendí después, cuando llegó mi año Erasmus y con él mi primer contacto serio con la Traducción. No, mi Erasmus no fue fiesta ni descontrol, sino el principio de la que se convertiría en mi vocación.

Cada vez me resulta más difícil hablar de traducción sin mencionar el (amor al) arte, la dedicación, el perfeccionismo y la investigación. En cuanto empecé a componer mis primeras traducciones, me fui dando cuenta de lo importante que es para un traductor conocer completamente su lengua materna y amarla de verdad, y si antes ya me gustaba la buena redacción y la riqueza léxica española, ahora me fascina. ¿Por qué? Por la magia de cada traducción. ¿Sabíais que los traductores pasan a ser autores de las obras que traducen? Donde se hace más evidente es en las traducciones literarias, porque como bien dice Alberto Manguel: «un traductor es capaz de desmenuzar un texto, retirarle la piel, cortarlo hasta la médula, seguir cada arteria y cada vena y luego poner en pie a un nuevo ser viviente».

Y es así, los traductores vivimos en un constante desafío por comprender lo que dice el texto original y saber transmitirlo de la forma más rigurosa en el texto meta. Adoptamos la habilidad de transformar expresiones, jugar con las palabras, hacer adaptaciones culturales y mantener el humor o las emociones, entre otras. Convivimos con la dificultad a la hora de aplicar un registro o un dialecto y de tratar con los eufemismos, los clichés y la intertextualidad.

Sin embargo y bajo mi punto de vista, creamos un arte que resulta invisible a los ojos de los demás. Vivimos en un mundo apasionante que pocos valoran y entienden, bien por ignorancia o por la confianza ciega en Google Translate. Quién sabe. No obstante, ese es uno de los motivos por los que participo en este blog. El tema de la traducción es tan amplio y conlleva tantas cosas, que será mejor que paséis y os echéis un café y una copa. Comienzan las tertulias y aquí siempre hay algo nuevo que aprender.

Almudena.

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